Inmigracion de ida y vuelta

Inmigracion de ida y vuelta

INMIGRACIÓN DE IDA Y VUELTA

 

Hasta mediados del siglo XX, la emigración fue de Europa hacia América. La gente se iba como podía (gran ejemplo “Chaplin emigrante”) y con algunos países había repatriación, con lo que si te iba mal, tu gobierno te traía de nuevo (otro gran ejemplo, “Tango bar” de Gardel, donde en el barco en el que va para Barcelona, en la bodega van los repatriados que vuelven con la frente marchita), otros ni flores te daban (recordar “Las cenizas de Ángela” de Frank McCourt /libro/ Alan Parker /película/, que volvieron a Irlanda porque la familia les pagó el viaje).

Y una vez que estabas instalado, la comunicación con tu familia iba a base de cartas, cartas que en el mejor de los casos demoraban 20 días en llegar (eso las que iban por avión, que las de barco eran la muerte lenta), y no contemos si se perdía alguna y te quedabas incomunicado un montón de tiempo.

A partir de la segunda mitad del siglo XX se cambió el signo y la gente empezó a venir de América para Europa, los más afortunados en barco con todas sus pertenencias (sobre todo los repatriados, que en este caso ya no lo eran porque les fueran mal las cosas, si no porque veían venir los malos tiempos, liquidaban todo lo que tenían /para no figurar como dueños de nada/ y volvían al pueblo), pero esta vez acompañados por los que venían a intentar mejorar sus vidas, y a partir de mediados de los ’70 ya todos en avión (se habían terminado los barcos de pasajeros, solo quedaban cruceros para turistas), intentando meter su vida en dos valijas o tres.

La diferencia fundamental era que las cartas llegaban casi en una semana, y había un aparatito llamado teléfono, que te permitía (aunque era algo caro) ponerte en contacto con tu familia por lo menos una vez al mes, lo que matizaba un montón el alejamiento.

Y llegamos al siglo XXI, donde hay no va nadie para allá (salvo los que se anotan a una cosa llamada “regreso voluntario”, que es algo organizado por ONGs /no es la repatriación estatal/ y aparte de  tener que demostrar que estás más seco que una pasa tiene el inconveniente de poder demorar hasta un año en mandarte de vuelta a casa, y un año cuando no tenés nada es muy largo¡¡¡¡), y los que vienen para acá, o ya lo traen al hombro, o lo primero que se compran al llegar es un ordenador, y gracias a Internet pueden hablar diariamente con la familia y hasta verlos¡¡¡¡¡¡

Evidentemente, el hecho de poder hablar y ver a tu familia que está lejos ayuda muchísimo a afrontar el traslado (que salvo 4 gilipollas que nunca han salido del pueblo, todo el mundo sabe que por más bien que te vaya es una experiencia traumática), pero si algo hay que agradecerle a las nuevas tecnologías es eso, al acercamiento que permite.

Conclusiones: la emigración ha existido siempre (y esperemos que siga existiendo, ya lo decía Pio Baroja :”Contra el nacionalismo, turismo” / ya perdonarán que compare la emigración con el turismo, pero a niveles generales ambas cosas te ayudan a ver que el mundo es ancho y ajeno/) lo que cambia es el sentido de los viajes, y el que creía que siempre sería eterno para un lado solo se ha equivocado, se equivoca y se equivocara.

Todos deberíamos emigrar (de calle, de barrio, de ciudad, de país, de continente, de planeta /cuando de pueda/) por lo menos una vez en la vida, nos ayudaría a ver el mundo con otros ojos, y desaparecerían un montón de problemas que existen ahora.

 

Juanito Comején

 
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