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Orquesta Sinfonica Juvenil

El Sistema de Orquestas Infantiles y Juveniles del Uruguay se fundó hace doce años, basado en un sistema similar que funciona en Venezuela. Al entrar en la institución los niños comienzan a participar en talleres de iniciación, para luego pasar a la orquesta infantil. El último escalafón lo constituye la Orquesta Juvenil José Artigas, que está integrada en la actualidad por músicos de entre 8 y 18 años.
Tocó en el Solís junto a un entusiasmado Federico García Vigil. Suenan como profesionales y, según el maestro Ariel Britos, fundador de la Orquesta Sinfónica Juvenil José Artigas, y el propio García Vigil, actúan como tales. En pocos minutos revivirán un programa de obras inmortales en presencia del Presidente de la República (en la presentación del Programa para la Formación del Futbolista Juvenil) y, aunque la emoción se siente en el aire, no hay un solo instante para la desconcentración
La agrupación tiene sesenta músicos y posee secciones de cuerdas, vientos, metales y percusión. La Orquesta Juvenil José Artigas surgió, junto a la Fundación Sistema de Orquestas Infantiles y Juveniles del Uruguay, en 1996. Desde entonces ha sumado diversos proyectos preinfantiles, infantiles y juveniles. Los adolescentes más talentosos llegan a la José Artigas, y a partir de allí para varios de ellos se abrirá una carrera profesional. Aun así, el objetivo de la fundación "no es formar músicos, sino ciudadanos", dijo el maestro Ariel Britos. presidente del Sistema de Orquestas Infantiles y Juveniles del Uruguay
"De acá no van a salir todos profesionales, pero sí personas sensibles, que van a querer que sus hijos se eduquen y van a saber trabajar en equipo".
Para el concierto en el Teatro Solís se unió a la Orquesta José Artigas una selección de las que agrupan a niños más pequeños. "Este es el tipo de evento que cambia la vida de los muchachos. Acá no sólo se definen como músicos, sino que entienden la importancia del trabajo duro. Estos niños son un símbolo de nuestra meta, que es expandirnos hacia el interior del país", dijo Britos, presidente del proyecto financiado básicamente, por aportes sólo de los niños que pueden costearlos y no cuenta con ningún tipo de ayuda estatal.
La consigna llevó a que Federico García Vigil no dudara en preparar a este grupo para esta gala durante cerca de un mes. "Esta tiene que ser la orquesta de los uruguayos", dijo, con la convicción viva en los ojos.
Para el destacado director, los niños tienen "frescura, ganas de tocar y libertad", algo que, en su opinión, se pierde después de los 20 años. "Entonces tocan perfecto, pero no tienen esto". Ese "esto" al que se refiere es "la risa, el ímpetu para lograr un juego hermoso y sano", porque "sólo a esta edad tocan con todo lo que tienen". "Fijate ¬relata¬: me he sentido muy libre y muy emocionado, porque acá hay niños de todas las edades y todos los niveles. Algunos tocan realmente muy bien, otros tocan bien y otros recién tocan. Pero todos van a poder decir hoy: 'estoy en el Solís, con García Vigil.
Así empiezan a creer en ellos y se separan del hastío, la publicidad de cuarta, la droga. Hacen el ejercicio de vivir en sociedad, de no sentirse marginados. Acá vale tanto el que va al Elbio como el del kilómetro 16, porque el que toca, toca". García Vigil se prepara para salir a escena. Mientras, tras las bambalinas del Solís, 120 niños y adolescentes afinan sus instrumentos, con la camiseta de Uruguay puesta. Parecen a punto de salir a un estadio para comerse la cancha.
"Hoy tenemos a las divisiones inferiores de nuestro país", termina García Vigil, antes de llegar al escenario para dirigir el Himno Nacional, que abrirá el juego. "Están los muchachos del fútbol y también los de la música. Nunca mejor dicho: sean los orientales tan ilustrados como valientes". Fuente : diario La Republica - Montevideo-Uruguay
La música sigue mandando en el Premio Príncipe de Asturias y en 2009 el jurado se lo otorgó al Sistema de Orquestas Infantiles y Juveniles, una organización creada en Venezuela que actúa en Uruguay.
El jurado justificó su decisión porque el Sistema ha unido "la máxima calidad artística y una profunda convicción ética aplicada a la mejora de la realidad social". Los dos principios estaban en el ánimo del músico y economista José Antonio Abreu cuando en 1975, acompañado por un grupito de sus alumnos, creó la primera Orquesta Sinfónica Nacional Juvenil de Venezuela.
Se trataba de hacer de la música un camino para sensibilizar y desarrollar a niños y jóvenes que vivían en condiciones económicas o psicológicas muy limitadas. El éxito conseguido fue determinante para que la experiencia comenzara a extenderse hacia el resto de América Latina y el Caribe. Chile, Colombia, Ecuador y Perú forman parte del Sistema, y desde 1996 también Uruguay se sumó: ese año llegó Abreu a Montevideo en compañía del contador Enrique Iglesias, un entusiasta de la propuesta.
Tras realizar los primeros sondeos, Abreu le propuso a Ariel Britos, por entonces músico de la Filarmónica y la Ossodre, que liderara el trabajo en Uruguay. El proyecto creció y en 2001 tuvo un respaldo importante de la OEA. De esa manera nació la Orquesta Infantil y Juvenil José Artigas que con los años se dividió de acuerdo a las edades de sus integrantes. En la actualidad operan junto a una pre-infantil y a la que desde hace poco tiempo está trabajando en el kilómetro 16 de Camino Maldonado.
Este operativo continental no fue nada fácil de imponer. Pero aunque la central venezolana depende de una fundación estatal que recibe aporte de empresas privadas, José Antonio Abreu pudo sortear todas las dificultades políticas porque "los resultados en términos sociales los ha hecho respetables y les ha dado una continuidad".
Las cifras sobre el alcance que tiene la experiencia son realmente notables: casi 600.000 niños y jóvenes han pasado por el Sistema, atendidos por unos 15.000 profesores. Hay un permanente intercambio de experiencias e integrantes que permiten ir planteando nuevos retos.
"Al principio era difícil porque la tradición relacionaba lo que llamamos música clásica con las élites", comentaba Abreu. "Hace cuarenta años sólo estudiaban aquellos que procedían de familias económicamente pudientes. Pero gracias a este sistema, conseguimos democratizar el acceso a la educación musical. Quizá en Europa, donde hay una larguísima tradición y los conservatorios han sido siempre sensibles al talento, pueda verse como algo normal. Pero en Iberoamérica no es así".
No sólo los actores políticos mostraron su gran respeto al Sistema. La candidatura al Premio Príncipe de Asturias de las Artes fue impulsada por grandes músicos como el director argentino-israelí Daniel Barenboim, quien ha colaborado con la organización, junto a otros colegas no menos célebres como Claudio Abbado y Simon Rattle. Entre los firmantes también estaban el canciller español Miguel Ángel Moratinos y el actual secretario general iberoamericano Enrique Iglesias.
Abreu recibió la noticia del premio en Caracas, confesando que el premio "ha reafirmado hondamente en nuestro corazón el compromiso de seguir adelante con tenaz empeño al servicio de la infancia de Venezuela e Iberoamérica consagrados íntegramente como educadores y artistas". Después señaló que se trataba de un reconocimiento a los docentes "que durante cuatro décadas han asumido esa hermosa tarea". Pero su expresión más repetida fue que "la pobreza material comienza a ser vencida por la riqueza espiritual". El premio que antes recibieran Dylan, Woody Allen, Plácido Domingo y Oscar Niemeyer, le asegura a Abreu unos 77.000 dólares para seguir trabajando, aparte de una mayor exposición pública de un trabajo que no siempre lo tiene. Ayer Barenboim comentaba que la organización centrada en Venezuela "demuestra como pocos el carácter existencial de la música: la música, más que una profesión es una forma de vida y me permito felicitar tanto al jurado como al premiado". En la misma dirección apuntaba la mezzosoprano Teresa Berganza, que recibió el mismo premio en 1991. "Su labor es única en el mundo", decía. Es un premio muy merecido y me gustaría comunicarles, desde lo más profundo de mi alma, que estoy a su disposición. Están haciendo una labor impresionante con muy pocos medios".
La propuesta del Sistema de Orquestas no se queda en la realidad hoy establecida. Ayer mismo, Abreu reiteraba a la prensa su compromiso de continuar luchando hasta conseguir que sea un proyecto de integración "iberoamericana" para "promover la hermandad" entre los pueblos y contribuir al "enriquecimiento del patrimonio del continente" con la participación de España y Portugal. Recordó la idea de crear una futura orquesta juvenil iberoamericana, acordada en la Cumbre de Santiago de Chile en noviembre. "Las generaciones de relevo están de pie", dijo. "El arte se convierte en un poderoso instrumento de desarrollo social".
El premio Príncipe de Asturias de las Artes, más allá de estar destinado en esta ocasión a una organización orquestal, es también un homenaje muy especial a quien creara el Sistema de Orquestas Infantiles y Juveniles. Pero más allá de la importancia de este galardón, para su creador, el venezolano José Antonio Abreu (nacido en Valera en 1939) los reconocimientos no son ninguna novedad. Ya en 1993 la Unesco le había otorgado el Premio Internacional de Música y en 1998 fue nombrado Embajador de Buena Voluntad para la Música y la Paz. Ecos uruguayos del Sistema de Orquestas El Sistema de Orquestas Infantiles y Juveniles, que surgido en Venezuela acaba de recibir el Premio Príncipe de Asturias, puso un pie en Uruguay cuando su mayor animador, José Antonio Abreu le propuso en 1996 a Ariel Britos desarrollar la experiencia a nivel local. El joven director desconocía el volumen y los objetivos de un ambicioso proyecto que ya quería ser continental, trascendiendo, gracias a la Unesco, más allá de las fronteras venezolanas.
Pronto se vería envuelto en una vorágine de la que no pudo y no quiere salir. De la orquesta original, formada con compañeros músicos de su generación, a la realidad de hoy, donde más de 400 chicos desenvuelven sus vocaciones musicales en tres orquestas, mucha agua ha corrido bajo el puente. Gracias al sistema, no sólo se ha logrado el objetivo de inserción social de los jóvenes instrumentistas.
Muchos de los iniciados en la Orquesta Juvenil José Artigas ya forman parte de las dos orquestas de música erudita del medio: la Ossodre y la Filarmónica de Montevideo. Un núcleo también apreciable está trabajando fuera del país, en muchos casos en puestos destacados.
Según define Britos, la orquesta funciona más como una comunidad a la que se tiene sentido de pertenencia, lo que hermana a sus integrantes y los vuelve más solidarios. Hoy gracias al Sistema, músicos compatriotas en formación se han perfeccionado en Caracas con profesores de la Juilliard School of Music, o con miembros de la Orquesta Filarmónica de Berlín.
La orquesta le proporciona a cada chico su instrumento musical y éstos aprenden rápidamente a reconocer las notas y generar música. Pronto desarrollarán además una actividad como solistas, que ha llevado a que jóvenes músicos uruguayos actúen con las otras orquestas solidarias del sistema en el continente, en una experiencia única y relevante. Fuente : diario El País- Montevideo-Uruguay
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